Se habla mucho de seguridad energética en términos de producción y reservas, y bastante menos de transporte. Sin embargo, un país puede producir todo el combustible que necesita y aun así tener un problema serio si no puede moverlo cuando hace falta.
El eslabón que no se ve
Entre el yacimiento o la refinería y el consumidor hay una cadena logística que combina ductos, camiones, ferrocarril y transporte por agua. El modo acuático mueve los volúmenes grandes a distancias largas, y en la geografía argentina —con un litoral extenso y un sistema fluvial navegable que penetra hacia el norte— cumple un rol que ningún otro modo puede reemplazar a costo razonable.
Qué pasa cuando no hay capacidad propia
En condiciones normales, contratar flota extranjera funciona y a veces es más barato. El problema aparece cuando las condiciones dejan de ser normales. En un mercado de fletes tensionado, la bodega va donde paga mejor. Un país sin capacidad propia compite por ese recurso en el peor momento, cuando más lo necesita y cuando más caro está.
Tiempos de respuesta
Una flota local conoce los puertos, las terminales, los pasos críticos del río y las particularidades de cada operación. Puede reaccionar en horas ante un requerimiento imprevisto. Contratar y posicionar un buque desde el exterior lleva semanas. Esa diferencia importa cuando hay que cubrir un faltante de abastecimiento.
El caso de la Hidrovía
El sistema Paraná-Paraguay abastece de combustible a una porción considerable del norte argentino. Esa operación requiere barcazas, remolcadores de empuje y tripulaciones que conozcan el río. No es un servicio que se contrate en el mercado internacional: es capacidad que existe porque hay operadores locales que la sostienen.
Lo que viene
El crecimiento de la producción de hidrocarburos no convencionales va a demandar más capacidad de evacuación y, con el desarrollo exportador, más transporte de salida. La pregunta es si esa demanda la va a cubrir flota argentina o extranjera. Es una decisión que se toma hoy, no el día que aparezca el volumen, porque construir o incorporar buques lleva años.
Una responsabilidad compartida
El armador privado invierte y asume riesgo. El Estado define las reglas que hacen viable esa inversión. Ninguno de los dos puede resolverlo solo. Cuando esa articulación funciona, el país gana capacidad; cuando falla, la pierde de a poco y casi sin que se note, hasta que se necesita.