El Abierto Argentino de Palermo es el torneo de polo más importante del planeta. No hay discusión al respecto: los mejores jugadores del mundo juegan acá, y la cancha de Palermo es el lugar donde cualquiera que practique este deporte quiere estar alguna vez.
Qué significa clasificar
No es un torneo al que uno se anota. El acceso está determinado por el handicap del equipo y por un sistema de clasificación que define quiénes compiten en la máxima categoría. Para un proyecto como el nuestro, llegar implicó años de trabajo previo en torneos de menor jerarquía, construyendo caballada y encontrando el equipo adecuado.
La caballada
Un jugador necesita varios caballos por partido, porque cada uno juega un chukker y requiere descanso. Un equipo de alto handicap moviliza decenas de animales, cada uno en condición de competir. Preparar esa caballada es un trabajo de años que empieza en la cría, sigue en la doma y continúa en el entrenamiento específico.
La preparación
Los meses previos son de trabajo diario: entrenamiento de los caballos, prácticas del equipo, ajuste de la rotación según el rendimiento de cada animal, seguimiento veterinario permanente. El día del partido lo que se ve son ocho jugadores y treinta caballos, pero detrás hay petiseros, veterinarios, domadores y un trabajo logístico considerable.
El clima de Palermo
Jugar en esa cancha, con las tribunas llenas, es distinto a cualquier otra cosa. El público argentino de polo entiende el juego, reconoce una buena jugada aunque sea del rival y aplaude a un caballo bien montado. Esa cultura es parte de lo que hace al torneo lo que es.
El polo amateur y el profesional
El Caburé nació como un proyecto amateur. Competir en ese nivel contra equipos profesionales exige asumir que la diferencia técnica existe y que el objetivo no es necesariamente ganar el torneo sino competir con dignidad y seguir creciendo. Esa claridad sobre el propio lugar evita frustraciones y permite disfrutar el proceso.
Lo que deja
Más allá del resultado deportivo, queda la comprobación de que un proyecto sostenido en el tiempo llega a donde se propuso. La cría, el trabajo de años, el equipo que se armó: todo eso se materializa en un partido. Es una satisfacción que se parece bastante a la de ver funcionar una empresa que uno construyó desde cero.