El transporte fluvial y su lugar en la matriz energética argentina

Por qué la navegación interior es infraestructura crítica para el abastecimiento de combustibles en Argentina y qué desafíos enfrenta el sector.
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Federico Virasoro

National Shipping

Cada vez que alguien carga combustible en una estación de servicio del interior del país, hay una probabilidad alta de que ese producto haya viajado por agua en algún tramo de su recorrido. La navegación interior es una de esas infraestructuras que funcionan bien cuando nadie las nota, y que solo aparecen en la conversación pública cuando algo falla.

Por qué el agua sigue siendo competitiva

Una barcaza transporta el equivalente a decenas de camiones. Esa relación explica todo lo demás: menor costo por tonelada transportada, menor consumo de combustible por unidad de carga, menos emisiones y menos desgaste sobre la red vial. En distancias largas, ningún otro modo compite con el transporte por agua para cargas líquidas a granel.

La Hidrovía como columna vertebral

El sistema Paraná-Paraguay conecta el norte argentino, Paraguay, Bolivia y el sur de Brasil con los puertos del Río de la Plata. Para el sector energético permite mover combustibles hacia el interior y trasladar producción hacia los centros de consumo y exportación. Es una infraestructura natural que el país aprovecha parcialmente: el potencial de crecimiento del transporte de cargas energéticas sobre el río es considerablemente mayor que el volumen actual.

El desafío de la bajante

Los períodos de bajante extraordinaria de los últimos años mostraron la fragilidad del sistema. Cuando el río baja, los convoyes deben reducir carga para no comprometer el calado, lo que significa más viajes para mover el mismo volumen, mayor costo por tonelada y tensión sobre la disponibilidad de bodega. El dragado y el mantenimiento del canal navegable no son gastos de infraestructura: son condiciones de operación del sistema energético del país.

Cabotaje marítimo: la otra mitad

El cabotaje atlántico conecta los puertos patagónicos con los del litoral y el Río de la Plata. Mueve combustibles hacia regiones donde el transporte terrestre sería prohibitivamente caro por distancia. Es una operación de mar abierto que exige buques tanque con certificación internacional plena y tripulaciones formadas para condiciones del Atlántico Sur.

Marina mercante nacional: por qué importa

Un país que no controla su capacidad de transporte energético queda expuesto a la disponibilidad y al precio del mercado internacional de fletes en momentos donde ese mercado puede tensionarse por razones ajenas. Sostener una marina mercante nacional no es proteccionismo: es una decisión de infraestructura estratégica que la mayoría de los países con litoral relevante toman de manera explícita.

Lo que viene con el desarrollo energético

El crecimiento de la producción de hidrocarburos no convencionales está cambiando la geografía logística argentina. Los volúmenes que hoy se producen y los que se proyectan requieren capacidad de evacuación que combina ductos, camiones, ferrocarril y transporte por agua. La parte que corresponde al modo acuático va a crecer, y con ella la demanda de bodega, de terminales y de tripulaciones formadas.

Una agenda pendiente

Hay tres temas que el sector necesita resolver para acompañar ese crecimiento. El primero es la previsibilidad regulatoria, porque las inversiones en buques se amortizan en plazos largos y requieren reglas estables. El segundo es la formación de tripulaciones, donde existe un déficit global de oficiales que Argentina puede convertir en oportunidad si forma más y mejor. El tercero es la infraestructura del canal navegable, que condiciona todo lo demás.